Reseña Histórica
Sierra Vieja
Playas Doradas
Isla de los Pájaros
Meseta de Somuncura
Rappel
Gastronomia
Hoteleria
Galeria de Fotos de SG
Tu foto
Archivo de Comentarios
Mapa de Sierra Grande
Foro de GS

|Sierra Grande, |

El patio

Al moverlo avistaba los negros huecos en los ojos. Los pómulos henchidos, la honda cavidad del silencio queriendo salir de la pantalla del teléfono movible que se había caído al charco.

Lentamente, intensificado por la luz, el verdinegro del Nokia, adquirió nuevas formas, nuevos colores.

Rojos vibrantes, amarillos ira, azules manchas de vómitos engendrando el cuadro de Jacson Pollock, autor de la abstracta realidad plagada de impunidad, coimas, tumbas, horrores, placeres y esperanzas del siglo.

Pude vislumbrar entre las pinceladas, la cara del niño aquél, que había nacido hacía dos meses atrás.

Vi salir de la casa a la mujer morena de cabello ondulado hasta los hombros calzando un jean azul muy ajustado, cinto con tachas plateadas, zapatos con plataforma y musculosa verde y roja.

Hacía tiempo que no se la veía por el barrio. Los vecinos decían con cierto alivio, que se había mudado a El Jarillal y que estaba trabajando en una empresa dedicada a la construcción. Al parecer limpiaba la casa donde vivían nueve hombres; les hacía la comida y de vez en cuando se alzaba con unos manguitos extras por puro placer, aunque eso no importaba. Nos asombraba el hecho de saber que cumplía horario, eso otorgaba una dosis de tranquilidad, una inyección, el consuelo de saber que pasada la medianoche, no llegarían los amantes excarcelarios que aparecían y desaparecían como relámpagos dejando las huellas en la tierra; hiriéndola, sangrándola.

Ex presidiarios a los que ella escondía para amar de día y esperar por las noches, sentada, jugando al solitario y haciendo bollos con las etiquetas de Derby mientras los muchachos salían de caza; generalmente a casas de jóvenes, viejas y siempre solas mujeres que proveerían del faltante elástico que los deportaba, con asiduidad, tras las rejas. La idea era despojarlas de bienes comunes para comer por un día (algún anillo o reloj, alguna cadena de oro o parecido); alzarse con algún dinero que pueda proveer de materia estimularia; y sobre todo lograr algún roce con otra piel, no tan ajada, no tan pestífera, como con la que debían conformarse y cumplir para devolver el favor.

La negra, así la apodaban.

Paría hijos como las perras, de a diez, después los regalaba o los tiraba. Sólo crió a dos. Jerónimo fue uno.

Tiene diecinueve años y vive con su mujer en el mismo rancho donde nació. Se las arregla bien, aunque sin luz sin agua y sin gas -pero con cerveza, José, y marihuana; estéreos robados y amigos que llegan de lejos a hacer un poco de ruido-

De vez en cuando los visita Martín, su hermano menor. Errante vagabundo. Con sólo nueve años ya es el as de la manga. No hay billetera que no imante al pasar, ni verja que no pueda cruzar para desaparecer por la puerta principal sin que nadie lo note.

Me sobresaltó el ring.

Atenta a la luz del celular me sumergí en el cuadro en el interior del rancho.

Margarita, la compañera de Jerónimo, se paseaba inquieta de un lado a otro -ya no cargaba al niño- Fue en ese instante que advertí que hacía días no lo escuchaba llorar.

Recordé las charlas de muchos - Tal vez ahora se pueda dormir! Sin tanta cumbia y tanto fútbol! ¿cinco de la mañana?- Qué era esa gente? Inserta y aislada del resto. Acaso murciélagos, búhos, vampiros o sólo productos de ausencias, diferencia de clases, margen oscura del fango.

Desde lejos escuchábamos la sirena del patrullero, se detuvo allí, frente a la puerta de chapa raída, hundida por tantas piedras, patadas y balas.

Bajaron cinco uniformados.

Segundos eternos y el silencio habitó el aire hasta que el eco del llanto incontenido de Margarita fue el boumerang que comenzó a rebotar contra las casas de la cuadra. Las ventanas se poblaron de miradas, en un santiamén ese que fuera el fresco aire silente se empañó de fuego, murmullos y estampidas.

Tres tiros y el horror.

Margarita, Jerónimo y Martín miraban esposados y de reojo a dos policías que llegaban con tres perros, un pico y una pala.

Después de un corto tiempo, metieron en una bolsa, alguna ropa quemada que se ocultaba bajo la tierra, tarjetas, cueros viejos y huesos, tantos como los que cabría en un cementerio.

-Aquí yacen los nonatos de la novida- (la negra tuvo algo que ver, no hace falta que lo diga)

Las lágrimas del oficial regaron el cuerpo pequeño, casi tibio, casi vivo o casi pretexto del deseo, afirmando que debería estarlo.

Pudo haber tenido forma o haber crecido con la cara verde y no roja de golpes y llanto. Pudieron haber tenido color su mueca y su sonrisa; pero le hicieron comer el puño, le apalearon el corazón, le estrujaron la inocencia, lo enterraron en el fondo del patio.

Se cerraron las cortinas y las puertas que aún ocultan a los ciegos, sordos, mudos, famélicos vecinos.

Caso sin causa. Muerte natural.

No admite juicios la naturaleza, es territorio inherente a la obviedad, desplaza a la razón -o la razón determina?-

Se dice que en la calle Serena al 300 hubo un asesinato, pero no hay denuncia ni registro de que el muerto haya nacido alguna vez.

Nadie sabe nada. La lógica dice que puede tratarse de un futuro problema resuelto. Es sólo uno menos, hijo de los tantos choros y de las tantas putas anónimos/as, contaminación, abominabilidad, perjuicio para una sociedad cargada de brillo.

Son las tres de la mañana. Conozco a uno de los cuatro a pesar de las capuchas; tiene una M y una J sobre la mano que sostiene el cuchillo. Los ojos de uno de ellos me paraliza. Tiembla hasta el hombro el brazo del que carga la escopeta recortada. La música en casa de Margarita se sube sin control y me irrita. Los espacios en blanco me permiten escuchar las voces y las risas en la casa de al lado. Flameo en un túnel de impotencia y miedo. Bendita diferencia

-La negra tiene algo que ver, por algo vino. Juega al solitario y hace bollos (ahora fuma Marlboro)-

Los vecinos duermen y es lo mismo que no estén, porque no existen... ya saben...

Tres tiros, el horror y me callo.

Ahora yo, la sombra de la mancha negra de Jackson, acá, en el fondo del patio.

Paula

Gracias por el aguante

Borges dijo que la lluvia es eso que sucede en el pasado... allá estoy

Cuando el Pasado 24-11-2005
El Encargo 3-11-2005
El Genio 4-9-2005
Fortunato 3-7-2005
Raul 4-5-2005
La Bolsa 16-4-2005
 
 
 

 

Inicio Contacto Favoritos Libro de Visitas
English
Portugues

Ingresa a tu cuenta GrandeSierra Directorio GS Libro de Visitas CHAT GS

Mas Info!!


 

Todos los Derechos Reservados GrandeSierra 2002-2008

 
Mas info aca! Mas Info Imagenes Retro