Pedro Sporleder tomó un vuelo casi sin escalas desde su primer club de rugby en Sierra Grande, Los Jabalies hasta jugar en selección mayor de este deporte a nivel nacional, Los Pumas. En la selección argentina fue capitán por muchos años y un jugador esencial, como lo fue en Los Jabalies. Reconstruyendo ese viaje, en esta entrevista nos habla de toda su vida, de Los Pumas, Los Jabalíes y por sobre todo de su amor por el rugby y por Sierra Grande.
¿Qué te acordás de Los Jabalíes?
De los Jabalies me acuerdo muy intensasamente desde del inicio, porque prácticamente fue un club que formó el doctor Bianchi, y otra gente entre la que se encontraba mi padre. Me acuerdo de la fundación del club, que era todo a pulmón, el haber hecho nosotros la cancha y haber construido la pequeña sede social con los vestuarios en Sierra Vieja, jugando nuestros primeros partidos. Un año antes de eso recuerdo el nacimiento de los Jabalies en la escuela N° 9. Había un intercolegiales con Madryn y Trelew, el profesor de Gimnasia nos sentó a todos en el patio y preguntó quien quería jugar al rugby, aunque no teníamos la pálida idea, levantamos la mano unos cuantos. Así nos fuimos a jugar con una camiseta blanca, azul, con una línea colorada, parecida a la de Buenos Aires. De esta forma empezó el rugby en Sierra y ahí nacieron los Jabalíes. Me acuerdo de la locura que hubo en ese momento con el rugby en Sierra, donde a los pocos meses de haber empezado teníamos un montón de chicos anotados, todo el mundo quería jugar. Así empezamos a viajar, juntando la plata para alquilar los colectivos, viajando a los torneos que hubiera. Convirtiéndonos en entrenadores con todas las falencias que teníamos, consiguiendo pelotas, eligiendo la camiseta, donde al final quedó la del CASI, la negra y blanca, definiendo el escudo, en fin, armando un club. Los recuerdos fueron muy lindos, muy intensos.
¿Recordás tu primer entrenador?
Nuestro primer entrenador fue Dani Gutierrez.
¿Te acordás de algún partido memorable?
Para nosotros en esa época eran todos clásicos. Porque recién empezábamos y todos los partidos eran difíciles. Jugar con Madryn, con Trelew, con Patouruzú y con Bigornia, de una año a otro iba cambiando el candidato. Recuerdo en Madryn tener muchos amigos, de viajar mucho a jugar. En esa época creo que Bigornia parecía el equipo mas fuerte. Aunque de locales teníamos la ventaja de la piedra.
¿Crees que la dureza del terreno y del clima te ayudó de alguna forma en los años posteriores?
Era algo difícil incluso para nosotros también, aunque ya lo conociéramos. Ir a jugar a la mañana con el bolso y el rastrillo para sacar la piedras, con el frío que hacía, y rastrillar para que sople el viento y a los quince días parezca que las piedras estaban ahí, que nunca se había ido. Preparar la cal en los tambores de 200 litros y pintar la cancha. Todo esto fue una experiencia muy fuerte que sin duda me marca, primero en el amor por el rugby, después en los años siguientes. Esa cuota de dureza, de haber jugado en esa cancha y en ese clima, cuando vengo a Buenos Aires, tenía un plus. Cuando agarré una cancha de pasto, me decían "para que vas a lastimar a alguien ". Para mi era tirarme en un colchón de aire. Esa cuota de dureza en el rugby que jugué en el sur, me ayudó en los primeros años a marcar una diferencia acá contra el resto. Me acuerdo que fuimos a jugar a una cancha, no me acuerdo el club, donde el pasto estaba mas o menos. Yo escuchaba a los que estaban conmigo que decían: "que duro que esta para taclear hoy, no hay pasto en toda la cancha" Y yo pensaba que dirían si vieran de donde acababa de venir de jugar yo. También me acuerdo de tener que ir en invierno de pantalón corto al colegio porque las frutillas (lastimaduras) se te pegaban al pantalón largo sino y tardaban meses en irse.
¿Te pasó alguna vez por la cabeza el recuerdo de Los Jabalíes, jugando ya para Los Pumas, algún partido importante o de mundial?
Siempre. Ese recuerdo estaba en mi cada vez que me tocaba viajar, en las previas, todas esas cosas me tenían conectado para jugar un buen partido. Lo sentí así, desde el primer partido que jugué en 1990 hasta el último que jugué en el 2003. Todos esos años, el recuerdo de Los Jabalíes y de Sierra fue parte importante en toda mi carrera internacional. Me ayudó mucho que siempre viví todo muy intensamente como si fuera lo último. Cuando llegué a Buenos Aires a estudiar y a los seis meses jugué en le seleccionado del Buenos Aires juvenil para mi era lo máximo, mas no podía aspirar. Después de haberme ido a jugar un mundial con Los Pumitas a Italia y haber salido campeón, me acuerdo de haber llamado a Martín Natali y a Hernán Cariac, chicos que jugaban conmigo y amigos míos de toda la vida para contarles lo que me había pasado. Todo se venía dando muy rápido. Eso fue en marzo del 90 y en julio del 90 me estaba yendo a Europa a jugar con Los Pumas y todas las fotos que tenía en mi cuarto, todos los posters, se me transformaron en realidad: Hugo La Porta, Cuesta Silva, todos los mounstros del rugby, los tenía colgados de años, de la época de Los Jabalies y en un año, desde que venía de Sierra a estudiar a Buenos Aires, me encuentro jugando con todos ellos. Era algo increíble.

¿De que compañeros de Los Jabalíes te acordás?
Me acuerdo de muchos: Dani Gutierrez; Martín Natali, Germán Cariac, de los Orellana, de Gary. Hubieron muchísimos jugadores que estuvieron conmigo, que nos divertimos, que viajamos y que conocimos el rugby. Me gustaba, cuando viajaba, encontrarme con mucha gente con la cual había perdido contacto. Si bien sabía que Martín y Germán estaban jugando en el seleccionado de Bahía Blanca, que es una unión importante, encontraba gente en otros lugares y me gustaba saber que habían seguido con el rugby, luego de haberse ido de Sierra Grande. En Córdoba, en Mendoza, en Jujuy; aparecía gente de Sierra en los lugares más increíbles. En cualquier lugar siempre encontraba alguno que había seguido jugando al rugby donde estuvieran.
¿Qué recuerdos memorables tenés de Los Pumas?
Todos los mundiales, el de 1991, el de 1995, el de 1999, del 2003. Siempre un mundial te deja una cuota extra de recuerdos y de sentimientos. No solo por lo que significan los partidos, sino por el entorno. Tengo un recuerdo muy fuerte de las derrotas de Nueva Zelanda en 1997, o de la victoria contra Australia en Buenos Aires con ochenta mil personas en la cancha. Rescato como recuerdos, tanto las derrotas como las victorias. Ambos me sirvieron para crecer, para mejorar en muchos aspectos.
¿Hubiera sido la misma tu vida sin el rugby?
No, sin lugar a dudas. El rugby me forjó como persona, moldeó mi personalidad. Me abrió muchas puertas todos estos años y muchas quedaron abiertas, en lo profesional y en lo laboral, después de haber dejado de jugar. Sumé una experiencia de vida viajando por el mundo durante esos quince años que me enriqueció culturalmente y me entrenó, haber sido capital de Los Pumas durante tanto tiempo, me dio una visión de negocio y de manejo empresarial que luego pude aplicar a mis emprendimientos y actividades. Esto en cuanto a manejo de la gente, a motivación y conducción, que es parte importante de cualquier desarrollo empresarial que llevás adelante.
¿Crees que el rugby en la Argentina debería sea amateur o profesional?
Creo que el rugby debe ser profesional y en nuestro país debería haber dos rugbys, uno profesional y uno amateur. Los clubes deben tener las dos modalidades y no mezclarse, seguir sus propios caminos. En la medida que a el rugby profesional le vaya bien va a alimentar y hacer crecer al rugby amateur.
¿Es esta una experiencia que se da en alguna parte del mundo?
No, porque en otros países como Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Francia, Inglaterra, Escocia, Irlanda; el rugby es como el fútbol acá. Ellos cuentan con otros recursos y en 1995, cuando el rugby se declara profesional, adecuaron todas las estructuras. Creo que en Argentina, luego del fútbol o el automovilismo, el único deporte que puede llenar River, es el rugby.

¿A que deporte te hubieras dedicado, de no haber existido el rugby en tu vida?
No lo se. Quizás al tennis que es algo que también practicaba en Sierra. Me entrenaba Abalos.
Ahora con el resurgir el rugby de la mano de Daniel Gutierrez en Sierra Grande ¿Qué mensaje trasmitirías a quienes recién se inician y a quienes los fomentan?
Me encontré a Dani en la página Grande Sierra y tomé contacto con él después de años. Sabía que había comenzado con el rugby y me dijo que estaba luchando con eso, porque es difícil, por las estructuras y la cantidad de gente. Ojalá que Sierra resurja, que vuelva la gente, el rugby; porque creo que es el deporte de equipo por naturaleza, que es netamente formativo, que el tercer tiempo no es algo menor que tiene el rugby, porque terminar el partido e irse a tomar algo con el rival y que lo que pasó en la cancha, quedó ahí, habla del espíritu del juego. Que jueguen, que se diviertan, que se entrenen y que sueñen con lo que quieran. El sueño de jugar en Buenos Aires y con Los Pumas yo siempre lo tuve, sino cuando llegué no hubiera seguido jugando al rugby. En la medida en que los sueños existan y el sacrificio de ir a buscarlos, todo es posible.
¿Estuviste en contacto con Sierra Grande luego de haber partido?
Lamentablemente, el estudio, el trabajo y los viajes con Los Pumas me sacaban mucho tiempo para poder volver con frecuencia, pero siempre seguí en contacto con mis amigos de toda la vida, Germán Cariac, Martín Natali, Valeria Beola, Viridiana Berstein, Mirita Nieto y muchos de mis compañeros del colegio. La última vez que fui a Sierra fue hace dos años. Fui mas en los últimos cuatro o cinco años que en los primeros diez.
En una entrevista que diste a un sitio web de rugby, cuando se te pide que nombres un lugar elegido para ir de vacaciones nombrás Playas Doradas. Siendo un hombre de mundo ¿porque lo elegís?
Luego del tiempo ausente, un lugar al cual me divertía mucho ir era a El Salado, reencontrarme con mis amigos. Era un volver a mis raíces. Estaba muy bueno, no había esta porquería (señala el celular), estaba desconectado. Además me casé con una chica de Puerto Madryn, así que cuando voy aprovecho las dos cosas: visitar a mi familia política y pasar unos días en El Salado.
¿Qué dejó Sierra Grande en tu vida?
El haber vivido en Sierra, fue parte fundamental de mi formación. No me imagino una infancia igual en otro lugar, Hoy cuando los miro a mi hijos Gerónimo y Sol, digo: que lástima no poder darles una infancia y una adolescencia como la que tuve en Sierra Grande, por el contacto con la naturaleza, y con los amigos y con la tranquilidad en la que vivíamos. La verdad es que eso lo extraño, como visto para mis hijos.
¿Qué te pareció www.GrandeSierra.com.ar ? ¿Qué crees que genera?
La página esta buenísima. La descubrí hace poco, un mediodía y cerré las puertas de mi oficina, desconecté los teléfonos, hasta la noche, porque me quedé leyendo los mil y pico de mensajes que había. Me puse a chatear y me encontré con una chica que era la hija de una maestra mía de la primaria. La página me absorbió toda esa tarde, me estallaban los teléfonos, mi secretaria me estaba volviendo loco y yo no podía hacer otra cosa que quedarme adentro de la página. Me sirvió para reencontrarme con mucha gente, dejé un mensaje diciendo que había estado en contacto con algunos y me había encontrado con otros viajando, en los lugares mas increíbles y que había perdido el contacto con muchos. Dejé mi mail y empezó a aparecer gente, a escribirme y ahora estoy devuelta en contacto con gente que hace muchos años que no sabía de ellos. Muchos me ayudaron a recordar anécdotas y recuerdos.
www.GrandeSierra.com.ar ®
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