Manuel R. Novillo : "El loco de las piedras"
Carmelo Fioriti
Adonde va Donde va Don Manuel.?
LA ESTACION del tren de Carmen de Patagones.el antiguo Ferrocarril del Sud. los duros asientos de madera de los coches de segunda clase.allí, solo, con el único bagajede su esperanza y su fe inquebrantable, aguardaba la llegada del tren para iniciar un nuevo viaje a Buenos Aires. ¿Su equipaje? Un pequeño paquete envuelto con viejos papeles de diario.
"¿Adónde va Don Manuel.?", era la acostumbrada y repetida pregunta de los vecinos que cuentan esta historia, treinta años atrás. Y de entre esos viejos diarios, sacaba unas cuantas piedras -"toscas" para muchos, "progreso", para él - anunciando que viajaba "otra vez" a la Capital buscando interesar a las autoridades en la explotación de esa enorme riqueza.
"Y eses piedras, ¿para qué sirven?". La respuesta brotaba espontánea y con vigorosa decisión: "Sirven para la independencia del país."
Los más reticentes, los descreídos, llegaron a apodarlo "el loco de las piedras", porque,
¿Quién no recuerda las famosas anécdotas de los buscadores de oro del oeste americano o la vieja leyenda del "rey blanco" en nuestro Río de la Plata, que llevó a los colonizadores a buscar plata allí donde no la había?
Más, el hierro de Sierra Grande tuvo la visión de un pionero: don Manuel Reynerio
Novillo.
El hombre y su tierra
Sólo tenía 26 años cuando abandonó su San Luis natal, en la que había sabido recorrer y dialogar con la piedra, alimentando una pasión que día a día iría creciendo en su espíritu. Y el 27 de marzo de 1922 llegó a la Patagonia, radicándose en el chubutense pueblo de Sarmiento. Empleado primero, propietario de una importante casa de ramos generales después, logra una sólida posición económica.
Su vocación de servicio y su preocupación por el progreso cultural de la zona lo llevan a fundar, cinco años más tarde, el diario "Patagonia".
Radicado sólidamente en el sur, forma su hogar, llegan cuatro hijos, lo nombran secretario de la comisión de fomento, pero hay una fuerza interior que lo impulsa a buscar otra riqueza, no tan importante para él, sí para su país.
La noticia traída accidentalmente por un cliente chileno, de apellido Aranda, en 1936, de que abundaba mica en la zona sudeste de Río Negro, vuelve a encender en él su fiebre de explorar.
Comenzó a recorrer regiones inhóspitas, alguna vez recorridas por el indio, sin caminos, a lomo de mula, a pie por leguas, haciendo noche en algún albergue natural de la roca, alejado por largas temporadas de su familia, descuidando sus negocios instala una carpa en la colonia Chilavert dispuesto a invertir todo su dinero en la explotación de esas tierras que él consideraba muy ricas, y que de a poco lo iban empobreciendo, hasta abandonar su negocio en 1940.
Solitario, en medio de la ruina, aunque con un único y muy sólido apoyo: su familia. Donde abunda la mica, no faltan minerales
Y su empecinada búsqueda le otorgó una recompensa, esa búsqueda que tuvo mucho de parecido a las avanzadas contra el malón en la conquista del desierto, con la piqueta a flor de tierra como si fuera una lanza erguida con un penacho azul y blanco que iluminaba su destino.
Los cerros puntanos con su wolfram, la pampeana Lihen Calel colorada de cobre, la imponente majestuosidad de la cordillera habían hecho crecer la pasión febril, y la tierra parecía anunciarle el los ecos sonoros del martillo el corazón metálico que Sierra Grande tenía.
Era el año 1944. Empobrecido, sin recursos económicos, siguiendo y estudiando vetas de mica, descubre el mineral de hierro. Aquella noche, en la soledad de su carpa, lloró de alegría.
El apoyo oficial "El reino mineral, en el territorio, no da pruebas de abundancia ni promete horizontes de actividad y sólo se encuentran depósitos de sal y cal en cantidades modestas. No hay indicios de que existan minerales que hagan factible una explotación." Así rezaba la
Memoria Oficial de la Provincia de Río Negro, en el año 1928. Desde el descubrimiento del mineral, comienza para Novillo un largo peregrinar por despachos y oficinas gubernamentales, de visitas oficiales buscando un reconocimiento a tan importante hallazgo.
Le preocupaba establecer la real importancia de la mina, la ley mineral porcentaje de mineral - que contiene, los planes técnicos de explotación y los recursos financieros necesarios para afrontar la explotación.
Gracias a las gestiones de los misioneros salesianos - los padres Molina, Murphy, De Salvo y Antonio Fernandez - llegó a interesar a los gobernadores de Río Negro y Chubut.
"Contrariamente a ese estudio, yo aseguro a S.E. que existen varios minerales y no de poca abundancia, como ser hierro, manganeso, plomo, diatonita, fluorita, y otros.", era su respuesta a la antes citada memoria, y su carta de presentación.
El gobernador de Río Negro supo valorar su esfuerzo y su descubrimiento, y lo apoyó en todo sentido, dándole un empleo en la gobernación para solventar los gastos de su familia, al tiempo que le permitía continuar con sus trabajos de minería.
Solicita y obtiene en 1946 la visita de una comisión técnica de la Dirección de Minas de la Nación, cuyo informe destaca interesantes perspectivas y recomienda realizar un estudio más profundo del yacimiento.
La falta de capital y de garantías le impedían recurrir al más mínimo crédito bancario.En setiembre de 1947 se llegó hasta el entonces Banco de Crédito Industrial Argentino - hoy Banco Nacional de Desarrollo- solicitando apoyo para la explotación de un yacimiento de manganeso denominado "Coronel Lebrero" - en agradecimiento al gobernador rionegrino que lo había apoyado-, y por otro de hierro, bautizado con el nombre de "El Triunfo".
El Banco envía una comisión técnica, previo al otorgamiento del crédito, que determinó carente de interés el primero, aconsejando una pequeña inversión en el segundo.
Pero su endeudamiento lo obligó a suscribir un compromiso de formar sociedad con el Banco, cediendo el 95 % de los derechos y acciones sobre los yacimientos, por una suma irrisoria, reservándose en Banco el derecho de transferirlo a un ente u organismo del Estado que oportunamente se designaría.
Las pequeñas esperanzas abiertas por algunas manos tendidas, se esfumaban lentamente, contratiempos burocráticos demoran largamente el pago de la venta.
Manuel Reynerio Novillo ya ha abandonado el solar ferrífero, empobrecido, fatigado por las duras faenas de su vocación.
Su vida, minada de desvelos y preocupaciones, se apagó un 23 de noviembre de 1955. Instantes antes de su muerte, le llegó un telegrama de las autoridades nacionales reclamando su presencia urgente en la Capital Federal.
Su sueño de minero estaba cumplido. Nuestra historia, la larga historia de nuestro país, le debe un lugar grande a este olvidado misionero de las piedras, a este cuerdo "loco" del martillo, don Manuel
Reynerio Novillo.
Publicado en Revista ACAECER, Setiembre 1977
Datos históricos:
Primeros laboreos con picos y palas en el corazón de una veta de hierro

Don Novillo con su hijo adolescente Aldo y el Ingeniero Salso efectuando las primeras tareas de exploración en los yacimientos en 1946. Impulsados por el espíritu indomable del pionero, los primeros mineros efectuaban sus tareas con incansable entusiasmo e ilusiones de éxito. Por aquel entonces estos yacimientos eran la mayor esperanza de la siderurgia nacional.
Monumento al Minero Patagónico
Manuel Reynerio Novillo
Descubridor de los Yacimientos Ferríferos en Sierra Grande, Río Negro (1944)

La tumba incluye el símbolo del minero, la Virgen de Lujan, y dos fragmentos de hierro originarios de Sierra Grande, y la placa que reza: Bahía Blanca 23 de Noviembre 1955
"HALLASTE LA ANSIADA MOLE , MÁS NECESITÓ TU ESPÍRITU TAL DUREZA PARA TU ANHELO SATISFACER"
Vida de Campaña
Don Manuel en su precaria vivienda de minero, consistente en una tienda y piedras del lugar, junto al Ingeniero Azcuénaga. Haciendo frente a las inclemencias del tiempo y al rigor del desierto, pasó varios años en Sierra Grande proyectando sus laboreos y realizando las exploraciones.

Sin duda fue su cálido refugio de descanso tras largas y penosas caminatas por los cañadones entre piedras y jarillas.

Novillo a caballo en recorridas sobre el seno de los yacimientos en su dura odisea de minero con espíritu joven imaginando el progreso de la región.
Sierra Grande: Recuerdos de Aldo Novillo
Llegamos al Yacimiento Norte en verano. El grupo estaba constituido por Manuel R. Novillo, su hijo Aldo, Randolfo Novillo, Lorenzo Rosales, Manuel Guerrero, Orfilio
Pasos, Virginio Mariños, y Manuel Agüero. Para instalar el campamento se hicieron excavaciones de aproximadamente 1 metro de profundidad por el largo y ancho de la carpa. Sobre esta excavación se instalaban las carpas logrando de esta forma más espacio y abrigo para el invierno. Como no alcanzaban las carpas, se improvisaron otras viviendas con jarillas, plantas de de matas de cebo, etc.
Como los catres no alcanzaban para todos, la mayoría dormíamos en el suelo con colchonetas y otros en los recados de andar a caballo, aprovechando el cojinillo para su cuerpo y los bastos de cabecera.
La comida era casi siempre a base de carne asada alternando con algún guiso o locro que mi padre preparaba muy bien; poníamos una fuente grande sobre un cajón y con una cuchara cada uno la "atacábamos".
Nos levantábamos muy temprano. No había aclarado todavía y ya estábamos tomando mate para luego ir a trabajar. Algunos tomaban café o té con galleta seca o alguna torta al rescoldo que fabricábamos antes de acostarnos y dejábamos para que se cocine durante la noche entra las cenizas calientes del último fuego.
Una noche de tormenta y lluvia perdimos la mayoría de los víveres, nada fáciles de conseguir en aquellos lugares. En esos matorrales ávidos y vírgenes había todo tipo de insectos: arañas (las que más abundaban eran las llamadas peludas), alacranes, lagartos, lagartijas, chinchimolles, culebras y víboras venenosas, de las que debíamos cuidarnos, por lo precario de las instalaciones del campamento. No obstante nos tocó convivir y acostumbrarnos a ellos. Luego a pico y pala fuimos desmontando los alrededores y de esta forma los tuvimos más controlados.
Para conseguir agua se construyeron los tajamares siempre con herramientas de mano, y la traíamos en damajuana . Rodeamos a los tajamares con plantas espinosas (piquillines, algarrobos, molle, etc) para evitar que los animales salvajes y la hacienda los ensuciaran. Como en esta zona llovía poco no se juntaba mucha agua, de modo que había que extremar la administración de su consumo.
La Ruta Nro 3 no tenía el trazado actual, sino que pasaba aproximadamente a 40 km hacia el mar, de modo que era todo campo. Sierra Grande se unía a la Ruta 3 por la Ruta "J", que era un camino accidentado. Los víveres los traíamos de Sierra Grande de a pié, a caballo, o en carro. Otras cosas que nos hacían falta nos las mandaban desde San
Antonio o de Puerto Madryn hasta la casa del Sr. Rodolfo Pazos en Arroyo Salado y desde allí con la camioneta del correo o de algún poblador rural hasta Sierra Grande.
Recuerdo cuando vino el Dr. Pascual Sgroso (geólogo y tres estudiantes de geología que si mal no recuero eran de apellidos Suchi, Salco y Olivieri) Luego de muchos intentos Novillo consiguió traer al yacimiento a este geólogo, quien fue la primera autoridad en la materia que lo visitó quedando muy bien impresionado; lamentablemente un problema de salud le impidió terminar su primer informe.
El Dr. Amílcar Herrera fue otro de los grandes geólogos que visitó el yacimiento en sus nacimientos. El, observando los trabajos de cortes que habíamos hecho, dijo que para su juicio este descubrimiento era algo extraordinario para el país.
Luego Novillo continuó con la exploración y descubrió del otro lado de la sierra lo que es hoy el Yacimiento Sur. También los viajes hasta ese yacimiento eran sacrificados y con elementos rudimentarios. Para abrir las labores de reconocimiento no se contaba con explosivos ya que se carecía de medios para adquirirlos. Se hacía todo con herramientas manuales y hasta donde se podía, picos, palas, barrenos, mazas, etc.
Contábamos con una fragua para arreglar las herramientas, que por la naturaleza del mineral sufrían el desgaste seguido y no teníamos para reponer.
Estas fueron las primeras experiencias sobre el terreno. Así se trabajó y así se vivieron los primeros tiempos en los yacimientos de hierro de Sierra Grande. No obstante lo precario de todo, Novillo logró formar un buen grupo humano con gente de esa zona, humilde, sufrida, generosa y aguerrida , la que supo enfrentar las inclemencias del tiempo y el modo de vida en esa por entonces inhóspita región.
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Testimonio de los primeros tiempos de la exploración, de Aldo Novillo, hijo del descubridor, que compartió aquellas experiencias.
SALUDO A LOS MINEROS DE SIERRA GRANDE EN SU DIA
Estimadísimos Mineros:
En este día de Santa Bárbara, saludamos a los exmineros, a los actuales y a los futuros que abrigan su vocación de serlo.
Lo hacemos en nombre del primer minero de Sierra Grande que trajinó por las vetas florecientes de hierro: nuestro padre Don Manuel Reynerio Novillo. Vetas que surcó con rudimentarios picos, palas y martillos, con su brújula y mochila al hombro en sus exploraciones iniciales y descubrimientos.
Fueron sus primeros compañeros de laboreos un grupo de valientes hombres de Sierra Grande (Lorenzo Rosales, Manuel Guerrero, Orfilio Pazos, Virginio Mariños, Segovia, y Manuel Agüero entre muchos otros) acompañados también por su adolescente hijo Aldo Manuel.
Así, con espíritu inquebrantable enfrentó a los vientos fríos y soles patagónicos, testigos fieles de sus días y sus noches en su carpa tras largas caminatas por el desierto que mudo guardaba en su seno el hierro rionegrino.
Este mismo mineral que hoy dialoga con ustedes. Sabemos que mineros y habitantes de Sierra Grande sufrieron años muy duros por el éxodo del año 1992. Los que pudieron perseverar dejaron la posibilidad de reactivar el presente. Así expresó el Sr. Gobernador Miguel Saiz el 27 de febrero del año 2005: "Si no hubiera existido un mantenimiento en la mina, no podría haber abierto".
Queridos mineros: el 23 de noviembre pasado se cumplieron 50 años de la muerte de nuestro padre. Al recordarlo los invitamos a imitar su perseverancia ya que el sufrió innumerables padecimientos para tener éxito en su lucha minera; nada quebró su voluntad, nada bifurcó su tenacidad de pionero. Cansados, pero jamás vencidos.
En esta nueva etapa de reactivación del yacimiento les deseamos suerte, bienestar y alegrías en el seno de vuestras familias, haciendo extensivo el saludo al Sr. Intendente Nelson Iribarne y deseando el progreso de toda la población. Felicidades y Dios los bendiga.
4 de diciembre de 2005
Delia Bambina Novillo de Mayo, en nombre de mis hermanos Celina Novillo de Luca, Adelina Amalia Novillo y Aldo Manuel Novillo.
Vida en Bahia Blanca
En el año 1948 Manuel Novillo se radicó junto a su familia en la ciudad de Bahía Blanca, en la calle España 843. Falleció en esta ciudad el día 23 de noviembre de 1955.

Foto junto a su esposa Doña Carmen Marinoni de Novillo.

Junto a su hija Delia en la Plaza Rivadavia , 1954. |